Diversos estudios observacionales y ensayos clínicos sobre ergonomía podológica han demostrado que más del 65% de las lesiones dérmicas en pies sensibles son atribuibles al uso de calzado con dimensiones volumétricas inadecuadas o materiales sintéticos oclusivos.
La combinación de calor, humedad excesiva y fricción crea un microclima adverso que debilita el estrato córneo de la piel. Al seleccionar calzado confeccionado con cueros suaves y flexibles o mallas técnicas de alta ventilación, la termorregulación del pie se mantiene en rangos fisiológicos estables.
La evidencia clínica subraya la importancia de evaluar las plantillas de soporte: una distribución adecuada del arco longitudinal y un soporte estable en el retropié reducen sustancialmente la pronación excesiva y previenen la formación de queratosis y callosidades dolorosas.